Sobre el final de la temporada 2018-2019, Ronaldo fue al médico. Dormía mal y se sentía peor. Los exámenes médicos confirmaron su autodiagnóstico: el colesterol había subido y tenía un estrés que ni siquiera había padecido en sus días como futbolista brillante, como centro del mundo futbolístico. El Fenómeno tenía motivos para estar así. Valladolid, el equipo que había comprado hacía algunos meses, estaba peleando el descenso. Ronaldo somatizó tanto el mal estado del equipo que su cuerpo le dio una alerta.

Valladolid se salvó por cuatro puntos. El equipo con el presupuesto más bajo de LaLiga mantuvo su lugar de privilegio en la máxima categoría del fútbol español. Ronaldo, cuenta en el Sports Summit de México, sintió un alivio: su proyecto, su sueño de llevar al equipo a la Europa League en cinco años, hubiese caído en una trampa fatal si descendían.

El desembarco de la leyenda brasileña como empresario del fútbol no fue un paso improvisado y veloz. Buscó un club para comprar durante años. Intentó conseguir una franquicia en la MLS, pero fracasó. Se mudó a Londres para estudiar gestión deportiva y quiso adquirir un equipo de la Premier League, pero el presupuesto no le alcanzó. Preguntó por un club del Championship, pero las cifras lo espantaron. La búsqueda concluyó en agosto de 2018, cuando apareció Valladolid y adquirió la mayoría de las acciones. Ahora, más de un año después, suma el 82%.

“Tenemos una hoja de ruta muy clara, y llegamos para gestionar con estas cuatro premisas: transparencia, social, competitividad y revolución”, dice Ronaldo, el speaker más rutilante del Sports Summit de México. Ronaldo ya no es un calvo: ahora luce rulos. Su sonrisa, sin embargo, sigue idéntica: es enorme, blanca, perfecta para su cara redonda. Ronaldo habla y sonríe, escucha una pregunta y sonríe, cuenta cómo peleó para recuperarse de dos lesiones de rodilla y sonríe. Ronaldo es una sonrisa andante.

“Tenemos una hoja de ruta muy clara, y llegamos para gestionar con estas cuatro premisas: transparencia, social, competitividad y revolución…”

Ronaldo Nazario

Parte de la transformación que planteó en Valladolid se basó en abrir las puertas del club: “Nuestros jugadores son los que más hablan con la prensa: una vez al día hay rueda de algún futbolista, salvo el día previo a los partidos, que por una superstición del entrenador prefiere que no hable nadie. Somos el equipo que hace más prácticas abiertas de LaLiga. Tratamos a los futbolistas como estrellas de Hollywood: ellos son los embajadores de nuestra marca y los necesitamos tener bien”, relata.

Para que sean estrellas de Hollywood, Valladolid debió cambiar la infraestructura del estadio. Ronaldo reformó el vestuario e invirtió en un gimnasio de primer nivel para los futbolistas. Las fotos del antes y después evidencian el lavado de cara: la primera imagen muestra maquinaria parecida a un gimnasio de barrio, y las nuevas son galácticas. “No sé cómo hacían para fortalecerse con esos aparatos: ahora ya no tienen excusas”, suelta el brasileño, y las 2.000 personas del salón se ríen, lo aplauden. El carisma de Ronaldo es un aura mágica que contagia de alegría a todo el salón.

 

 

Pero la mayor revolución que desató en Valladolid fue haber puesto al fanático en el centro de la escena. Valladolid era un equipo alejado de su comunidad. El estadio, que no había sido reformado desde el Mundial ’82, estaba casi vacío cada vez que jugaba. Tenían apenas 8.000 abonados. Ronaldo cambió la estrategia. Modernizó el estadio, montó un fan zone alrededor del José Zorilla, y apostó a una campaña ingeniosa para captar abonados. Para la actual temporada triplicaron la cifra: 20.000 socios compraron sus entradas para toda la temporada. A todos los abonados les regalaron un chequeo médico. Si Ronaldo debió chequearse, sus hinchas también tenían que hacerlo, y de eso se ocupó el club: “Si sobrevivieron a la última temporada significa que tienen un corazón de hierro”.

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