– FIFA busca ganar el centro de la escena en el mundo de los datos.
– El GPS no es únicamente para el preparador físico: es para el club.
– La tecnología low cost le da oportunidades a todos los clubes.

FIFA tiene trazado su plan de innovaciones tecnológicas hacia Qatar 2022. No siempre fue así: el mundo de la tecnología le resultaba ajeno. Hasta 2012, las herramientas tecnológicas estaban prohibidas para jugadores y cuerpos técnicos. Los deportes norteamericanos ya experimentaban con GPS y tracking, pero en las oficinas de FIFA en Zúrich no entendían qué podían aportarle un dispositivo al fútbol. Tampoco había una demanda por parte de los clubes. El valor del dato no era un valor. En 2013 hicieron el “click”. Vieron a Zlatan Ibrahimovic, una de las figuras más rutilantes de su deporte, con un chaleco debajo de su camiseta de entrenamiento. Ahí se hicieron la pregunta: “¿Y si esto que usa Zlatan realmente sirve para algo?”

FIFA emprendió, así, el inevitable viaje por el mundo de la tecnología y los datos.

Ese mismo año convocaron a las empresas del mercado para saber qué hacían. FIFA se sumergió en el océano de los datos con el conocimiento de los novatos, y se refugió debajo del paraguas de los expertos para comprender el ecosistema. Second Spectrum, Kinexon y otras 30 compañías de todo el mundo se presentaron y contaron cómo trabajaban. La mirada en FIFA era de extrañez absoluta: “No teníamos en claro qué dato y cuál tecnología eran para divertimento y qué para rendimiento. Precisábamos validar qué servía para cada cosa. La televisión precisaba algo inmediato, y el técnico demandaba otra cosa más profunda. No podíamos mezclar esos usos tan diferentes”, cuenta Nicolas Evans, Head of Football Research de FIFA.

El viaje de FIFA incluyó alianzas con universidades para otorgarle validez a las herramientas: conversaciones con Premier League y con el Barcelona Innovation Hub. Los expertos bajaron el conocimiento y FIFA llegó al Mundial de Rusia 2018 con la tecnología incorporada a su universo. Por primera vez, los analistas contaron con un espacio seguro para hacer su trabajo. Las plataformas y las herramientas tuvieron buena aceptación. La latencia no: había 20 segundos de demora, y la conexión en los estadios era mala. Debían seguir trabajando.

Lo hicieron: después del Mundial validaron entre 15 y 20 sistemas en el Camp Nou. Dieron también sistemas de usos de datos. El viaje cambió su objetivo: FIFA, ahora, se dedica a divulgar el conocimiento. Y predica un mensaje: los datos sirven, pero no cualquier dato, no en cualquier momento, no de cualquier forma. Ante el florecimiento del big data, FIFA pone una pausa ante tanto número.

En Analitica Sports conocemos bien el valor que le aporta el GPS al fútbol. Publicamos una investigación con más de 25 entrevistas a especialistas sobre el uso de esta tecnología que transformó la manera de entrenar. El GPS no llegó al fútbol para definir si un futbolista jugó bien o mal. El GPS aterrizó en el deporte para que los preparadores físicos controlen las cargas, para que el entrenamiento físico pueda integrarse a los trabajos específicos con el balón, para que los directores técnicos puedan conocer qué parámetros físicos deben cumplir sus jugadores en base al sector en el campo que ocupan, para que la planificación de los microciclos sea más precisa y el atleta no sufra lesiones musculares debido a sobrecargas.

El GPS trajo medición donde antes había intuición.

Ningún producto garantiza la victoria, pero el conocimiento y la metodología achican el margen de error. FIFA incorporó los wearables. Ahora notan que mucha gente pide datos en tiempo real, pero que objetivamente no lo necesitan. “La soluciones low cost van a ser importantes para muchos en el mundo del fútbol”, dice Evans. A pesar de que las compañías ofrecen productos cada vez más desarrollados, los expertos consultados por Analítica Sports coinciden en los indicadores a los que les prestan atención: aceleraciones, desaceleraciones, distancia recorrida en alta intensidad, cantidad de sprints, volumen total. Hay opciones en el mercado que arrojan estos datos por un precio accesible. 

A la vanguardia están el CITEC en México, LaLiga, Premier League y Bundesliga, que trabajan con sistemas centralizados de datos: la recolección, distribución y almacenamiento de los datos son idénticos para todos los participantes. Sin embargo, no es únicamente información para los profesionales: también tiene valor para los fanáticos. FIFA divide al universo en dos: los datos para el rendimiento, y los datos para el fanático. Al espectador le gusta saber qué jugador corre más rápido, qué futbolista recorre mayor distancia, y quién dio más pases exitosos en el partido.

Nada de eso tiene valor real para los cuerpos técnicos

El atleta también quiere tener dominio y privacidad sobre sus datos. En el futuro se pondrán dispositivos únicamente si el dato es de su propiedad, o porque el sistema ofrece una innovación insuperable. En el futuro los sistemas no serán invasivos, también, podrán comercializar sus propios datos: habrá, por ejemplo, aplicaciones para que los deportistas amateurs comparen sus métricas con las de las estrellas; habrá marcas interesadas en hacer juegos con los indicadores de los futbolistas más famosos del mundo. El universo de posibilidades es infinito y el atleta no va a quedarse sin su porción del negocio.

Los clubes tampoco deben quedarse afuera.

El dato ya ocupa un lugar central en el nuevo ecosistema del deporte. No trabajar con datos es trabajar de una manera anticuada, obsoleta y con mayor margen de error. Los clubes deben incorporarlos a sus estructuras para mejorar el proceso de toma de decisiones: abren un mundo de posibilidades infinito, son un portal hacia un mundo al que nunca antes habíamos tenido acceso. Hay sistemas para todos. FIFA se está ocupando de que cada club, en base a su estructura, encuentre y sume la herramienta adecuada para sus necesidades. El presupuesto ya no es una excusa: existen sistemas económicos que recogen una cantidad de datos que ayuda generar más conocimiento.
El horizonte del viaje de FIFA recién empieza. El futuro ofrece posibilidades (y unidades de negocio) inimaginables. Nadie debe perderse la oportunidad.