Siempre es igual: en las épocas de mercados de pases, los medios de comunicación se llenan de rumores sobre transferencias. En esos artículos, en esas salidas televisivas o radiales, los cronistas nombran a tres cargos distintos como sinónimos, como si las tareas fueran idénticas: el director deportivo, el secretario técnico y el manager. Aunque en muchos equipos de Latinoamérica los puestos también se confunden puertas adentro, la realidad es que se tratan de tres roles completamente distintos –y, en algún caso, complementarios.

David Beckham recibe indicaciones de Alex Ferguson. Un manager omnipresente en Manchester United.

El manager fue una figura de peso en Europa durante la década del 90. El caso más brillante es el de Alex Fergurson en Manchester United: fue un hombre que lo decidía todo, desde la contratación de futbolistas hasta la negociación de contratos. También decidían quiénes serían los jugadores que salían a la cancha. Eran todopoderosos con la fuerza suficiente como para inferir en todas las decisiones futbolísticas.

El rol omnipresente del manager va desapareciendo: darle tanto poder a un entrenador –cuyo futuro se define en si la pelota entró o no entró– es perjudicial para el desarrollo de un club. Durante muchos años, el proyecto del Manchester United se enfocó únicamente en Ferguson. Esa receta para manejar al plantel le significó una transición traumática cuando dejó el equipo: gastaron cientos de millones de libras en futbolistas que iban siendo desechados por los técnicos que se iban sucediendo entre sí.

En Latinoamérica, el manager apareció como un puesto de elección de entrenador y futbolistas. El marco de decisión se limita hasta esa frontera: recomienda jugadores, en algunos casos encabeza las negociaciones, y les sugiere a los directivos los candidatos para ocuparse de la dirección técnica del equipo. Es una fuente de consulta con más peso simbólico que real porque en Latinoamérica el poder de decisión reside en los directivos.

“En Latinoamérica, el manager apareció como un puesto de elección de entrenador y futbolistas (…) Es una fuente de consulta con más peso simbólico que real porque en Latinoamérica el poder de decisión reside en los directivos.

El secretario técnico es otra cosa. Dentro de los organigramas europeos, los secretarios técnicos son los encargados del área de scouteo. Arman la estructura de seguimiento de las ligas donde hay potenciales jugadores y encabezan el trabajo de un grupo de ojeadores. Deciden qué jugadores tienen condiciones para arribar al club, y los responsables de seguir su día a día. Es una tarea de laboratorio que, con la irrupción de plataformas como WyScout, se puede hacer desde una oficina. Cuando un futbolista se torna más interesante, organizan los viajes de los scouts, y cuando el director deportivo y el entrenador detectan una necesidad en el equipo, son los que ofrecen las opciones más viables. El trabajo del secretario técnico es minucioso pero limitado: sugieren –no deciden– a los futbolistas indicados para reforzar al equipo.

Diego Milito. Director Deportivo de Racing Club.

El campo de desarrollo del director deportivo, en cambio, es toda el área de fútbol de un club. Lo abarca todo: desde la elección del entrenador hasta la metodología de juego de las divisiones inferiores. Es el nexo entre el entrenador y los directivos y responden directamente a la máxima autoridad del club. Es, también, la persona a cargo en el organigrama deportivo de confeccionar el proyecto a corto, mediano y largo plazo: es el guardián de la visión futbolística de la institución, una persona con una perspectiva amplia capaz de proyectar más allá del último resultado. La principal tarea es detectar la filosofía del club, establecer los objetivos y el camino que se va a elegir para alcanzarlos. El director deportivo no es un gasto: es una inversión que permite achicar el margen de error en la toma de decisiones.

El director deportivo es el guardián de la visión futbolística del club, una persona con una perspectiva amplia, capaz de proyectar más allá del último resultado

Sus principales cuatro responsabilidades son delimitar los objetivos, elegir el modelo de juego que se va a implementar durante un tiempo determinado –y asegurarse que ese modelo de juego tenga relación con la historia futbolística del equipo en el que trabaja–, seleccionar al entrenador y a los jugadores adecuados para el modelo de juego planteado (encabezan la secretaría técnica, aunque tienen un secretario técnico por debajo), y desarrollar una metodología de trabajo en las divisiones inferiores que alimente el estilo de juego elegido.

Marcelo Bielsa junto a Victor Orta, director deportivo de Leeds United

El director deportivo no se ocupa del armado de la táctica ni del manejo del grupo. Tampoco planifica los entrenamientos. Pero está cerca del día a día del equipo profesional: aunque las metodologías cambian según cada director deportivo, es habitual verlos tres o cuatro veces por semana en las prácticas de los clubes europeos. Negocian las renovaciones de los contratos, y son la persona a la que recurren los futbolistas cuando tienen un problema personal. Se encargan de que el entrenador no tenga más preocupaciones que el próximo rival. Pero sus responsabilidades exceden al campo de juego. Contratan a los proveedores adecuados para la metodología de trabajo que el club pretende desarrollar, controlan el área médica, y abren nuevos mercados para generar relaciones fluidas con otros equipos.

En tiempos de un fútbol interdisciplinario y complejo, el director deportivo apareció como la cabeza de un proyecto futbolístico integral. Son la nueva estrella en los organigramas de los clubes europeos.

[custom_author=NR]