Eric Cantona siempre fue un personaje carismático, una especie de showman con camiseta de fútbol y botines. En el último tiempo, sin embargo, se transformó en otra cosa. Sigue luciendo una faceta cómica y simpática, pero ahora también emergió como un hombre con socialmente comprometido. La última semana publicó una carta en The Players Tribune donde compartió la historia de vida de su familia, y donde anunció que se había convertido en el primer mentor del proyecto de Common Goal.

Cantona en la publicación The Players Tribune

Common Goal es un movimiento que busca crear un puente entre el fútbol espectáculo y el fútbol que genera impacto social. No es una fundación ni pretende serlo: es una iniciativa que busca recolectar el 1% de todo el dinero que mueve el fútbol por año para financiar proyectos y organizaciones que hagan trabajos sociales a través del deporte más popular de todos. Common Goal es un fondo colectivo que, además de tener a Cantona en su plantel, ya cuenta con algunas figuras como aportantes y abanderados: el español Juan Mata –el primero en afiliarse, el primer misionero-, el alemán Mats Hummels y el italiano Giorgio Chiellini. Entre los colaboradores también hay un argentino: Giuliano Módica, un defensor que juega en la tercera división del fútbol alemán.

“Uno de los afiliados a Common Goal es Aleksander Ceferin, el presidente de la UEFA..”

El innovador proyecto lanzado en 2017 es encabezado por Jürgen Griesbeck, un alemán que vive en Madrid y habla un castellano tan castellano que parece haber nacido a pocas cuadras de la Fuente de Cibeles. Es el líder de un núcleo de 60 futbolistas, entrenadores y un referente político importante del fútbol europeo: Aleksander Ceferin. El presidente de UEFA fue el primer dirigente en subirse al movimiento. “Es que él es un líder, no un organizador de torneos, y siente que debe dar el ejemplo”, asegura Griesbeck sobre el esloveno.

Common Goal busca qué el fútbol espectáculo ayude a financiar al fútbol social

“Common Goal trabaja con la red Streetfootball World, un programa que funciona hace 20 años y que toma al fútbol como una herramienta para la transformación social. Es un acelerador de impacto que nuclea a 125 fundaciones en 80 países, y que alcanza a 2.500.000 de jóvenes. Nuestro fondo financia proyectos de esta red, y cada futbolista puede decidir en qué institución colaborar”, cuenta Griesbeck.

Entre los participantes, además, hay “clubes, periodistas deportivos, representantes, start-ups con aplicaciones de fútbol”, pero lo que más le llama la atención del alemán es el gran número de mujeres que acompaña la causa: “La mayoría de las jugadoras mujeres no pueden vivir del fútbol, y sin embargo son las que más se afilian”, indica.

“El fútbol mueve cerca de 40 mil millones de dólares por año. El 1 por ciento de ese total podría ayudar a acelerar el impacto social en cuestiones de pobreza, saluda e igualdad de género..”

La intención de Griesbeck es estandarizar ese 1%: que se aplique en competencias, contratos televisivos, vínculos a jugadores: a todo el fútbol. “El fútbol, a nivel anual y en su totalidad, mueve cerca de 40 mil millones de dólares. El 1% de ese total sería 400 millones de dólares al año. Así podríamos ayudar en cuestiones de pobreza, salud, igualdad de género: el fútbol es el medio mediante el cual se acelera y facilita el impacto. Si hoy, con el 90% de aportes externos al fútbol, Streetfootball World recauda 130 millones de euros y llegamos a tantos jóvenes, con un mínimo aporte de lo que mueve la pelota llegaríamos a muchos más”, manifiesta.

 

Para implementar ese porcentaje, Griesbeck tiene una idea: “¿Por qué no poner en los fichajes un sello social con costo o establecer un 1% de los premios que otorgan las federaciones en los campeonatos? Conmebol, por ejemplo, podría destinar el 1% de todos los contratos que haga para Common Goal”. Esa línea de acción ya consiguió una primera institución adepta: el Nordsjaelland de Dinamarca ya impuso ese mecanismo, y el 1% de todo lo que genera va al movimiento.

Aunque Common Goal recién está dando sus primeros pasos, el germen puede reproducirse como un virus benigno. El fútbol –no el de los domingos, no el de la televisión, sino el de los barrios- lo está esperando.

[custom_author=NR]